
Con orgullo y nostalgia a partes iguales, mis padres me cuentan que fueron de los primeros en disfrutar del Technicolor en Moncá y en Valencia, allá por 1976, incluso mi madre se quedaba horas y horas viendo pasar la Carta de ajuste con mirada triunfante.
No, yo no estaba aún este mundo, eran otros tiempos...un amago de la vida moderna.
¿Qué habría sido de nosotros sin el COLOR en la pantalla?, me pregunto yo hoy, 32 años después. El vestuario de los Ropper no tendría ningún sentido, los valles verdes y los vestidos floreados que abundaban en La casa de la pradera tampoco. Y qué decir de los caballitos de Bonanza o las túnicas de Yo, Claudio...Hasta la publicidad habría sufrido mucho: ni payasos de Micolor ni Titanlux, el mundo no sería el mismo.
Con personajillos concretos no era muy diferente la cosa. Concha Velasco no habría sido nunca una chica ye yé, a ver quién era el listo que apreciaba "las medias de color" que tanto alardeaba llevar en su canción, o El chollo del Un, dos, tres, que podría habernos parecido un boniato si no hubiéramos distinguido el tono aberenjenado del cuerpecito.
¿Y qué ocurre con el cine? Aunque soy gran amante del cine en b/n que trajeron la Nouvelle Vague, el Neorrealismo italiano, etc, hay que reconocer que sin el color Bollywood no sería un espectáculo, las películas de la Hammer no resultarían tan sangrientas y saturadas, El guateque o Blow up no tendrían razón de ser...y el título de grandes obras cinéfilas no tendría ninguna intensidad, pues no seríamos capaces de apreciar ese detalle: Rojo profundo de Darío Argento, El desierto rojo de Antonioni, la trilogía Azul, Rojo y Blanco de Kieslowsky, el rojo-fuego de Farenheit 451...
En fin, no acabaríamos nunca porque el color en sí mismo no tiene fin. Amo los colores con cierta locura… Me gustan los colores apagados, los bermellones y los cenicientos. Los fríos y los cálidos, los primarios y los secundarios. Me gustan todos; los rojos, naranjas, amarillos, verdes, azules, añiles, violetas. Me gusta el gris marengo, el rosa pastel, el beige, el amarillo ocre, el azul marino, el turquesa, el granate, el marrón claro y oscuro, el verde manzana y pistacho, el malva, el amarillo limón, el blanco roto, el negro azulado, el caoba de mi pelo, el cobrizo, el púrpura, el marfil… incluso el negro, aunque en realidad sea la ausencia de color.
Me gusta el color camel, el kaki, el verde ciruela, el naranja pomelo, el color de las berenjenas y el rojo cereza. También destacan el azul pálido y el sucio, el azul brillante, el claro y el intenso… Me gusta el color de la miel y de las avellanas, el de las uvas y el de las castañas. Siempre se redescubre un matiz nuevo, un tono que antes no existía.
Por eso amo los colores, porque no tienen fin. Y eso ya lo he dicho.
¡ 3 hurras por el color!